El programa Megatones por Megawatios. Convertir bombas atómicas en electricidad.

El programa Megatones por Megawatios ha permitido, hasta ahora, abaratar artificialmente el precio del uranio, lo que nos ha dejado ante el espejismo de que la energía nuclear es mucho más barata de lo que realmente es en condiciones normales de mercado.

La utilidad de este programa es muy amplia: además de abaratar la energía eléctrica, pone bajo control las armas nucleares obsoletas, les aporta un valor económico, desincentivando su venta en el mercado negro y permite el reciclado limpio y controlado de unos residuos nucleares que de otro modo serían muy peligrosos.

Desde hace ya unos cuantos años, y gracias al programa Megatones a Megavatios, la mitad de la energía nuclear estadounidense proviene de ojivas nucleares rusas desmanteladas. En total, las centrales nucleares suministran una quinta parte de toda la electricidad consumida en Estados Unidos y de esa cantidad, la mitad procede de uranio extraído de armas nucleares desmanteladas.

Para finales de este año  serán unas quinientas las toneladas de Uranio militar reconvertido para usos civiles, lo que unido a todo el esfuerzo realizado desde 1993, año en que se inició el programa, tenemos que se han convertido en energía eléctrica de uso civil unas 15.000 bombas nucleares.

El funcionamiento del programa no es muy complejo: Cuando se desmonta una ojiva nuclear, el metal de Uranio militar se separa del resto de la estructura, se corta en piezas pequeñas, se purifica y se remezcla con otros tipos de Uranio menos agresivos. A este proceso se le denomina reducción de la mezcla.

Lo más normal es utilizar uranio ruso, pues son sus armas nucleares las más obsoletas y las que más peligro corrían de caer en el descontrol, pero también se realiza el mismo proceso con armas nucleares de otros países, en especial EEUU y Gran Bretaña. Este ha sido el destino de la mayor parte de las armas  nucleares de antiguas repúblicas soviéticas hoy independientes, como Kazajstan, Turkmenistán, etc., pero no hay que olvfidar que estas repúblicas, que en general deletrean aún la palabra democracia (y aún van por la M) siguen siendo potencias nucleares.

El programa tiene previsto su final en 2013, lo que tendrá importantes consecuencias en el precio del uranio. Los norteamericanos han intentado prorrogar el acuerdo, pero los rusos no parecen interesados en ello, debido a razones comerciales por una parte, y a la presión de la industria norteamericana del enriquecimiento de uranio, que obtiene mejores beneficios enriqueciendo por su cuenta el material sin tener que comprar la materia prima a fuentes militares.


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